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Desde el 4 de abril de 2026, Anthropic ha bloqueado el uso de los planes Claude Pro y Max para acceder a herramientas externas como OpenClaw. El motivo oficial es la presión insostenible sobre su infraestructura. El motivo real, según muchos en la industria, es bastante más complejo. Y tiene nombre propio.
Los planes Pro y Max de Claude ofrecían acceso a tarifa plana. OpenClaw, el agente de IA de código abierto más popular del ecosistema Claude, llevaba meses canalizando millones de peticiones a través de esas mismas suscripciones. El resultado era previsible para cualquiera que entienda mínimamente de economía: los usuarios más intensivos pagaban lo mismo que los más ocasionales, pero consumían recursos de un orden de magnitud completamente diferente.
Según pruebas realizadas por el medio alemán c’t 3003 en enero, un solo día de uso de OpenClaw con el modelo Opus de Claude costaba 109 dólares en tokens. El coste medio diario estimado por Anthropic para un desarrollador profesional usando Claude Code es de 6 dólares. Ahí está la brecha. Dieciocho veces más caro, en números redondos. Anthropic, en definitiva, estaba subvencionando sin quererlo una clase de uso para la que nunca diseñó su modelo de negocio.
Boris Cherny, responsable de Claude Code en Anthropic, lo explicó en X sin rodeos: «Nuestras suscripciones no estaban diseñadas para los patrones de uso de estas herramientas de terceros. La capacidad es un recurso que gestionamos con cuidado y estamos priorizando a los clientes que usan nuestros propios productos.»
Pero aquí es donde la historia se pone interesante. Y donde la versión oficial empieza a chirriar un poco.
OpenClaw fue creado por el desarrollador austríaco Peter Steinberger y lanzado originalmente en noviembre de 2025 bajo el nombre de «Clawdbot». En apenas unos meses se convirtió en uno de los frameworks de agentes de IA más populares del mundo, con más de 135.000 instancias activas estimadas en el momento del anuncio. Steinberger no es un novato: fundó PSPDFKit, adoptado por empresas como Autodesk, Dropbox o SAP.
El 14 de febrero de 2026, Steinberger anunció que se unía a OpenAI. Sam Altman publicó que el desarrollador «lideraría la próxima generación de agentes personales» en la compañía, y que OpenClaw continuaría como proyecto de código abierto con el apoyo de OpenAI. Las restricciones de Anthropic llegaron semanas después. El propio Steinberger no se mordió la lengua: «Primero copiaron algunas funciones populares a su propio harness cerrado y luego bloquearon el código abierto. Curioso cómo coincide el timing.»
¿Fue una represalia encubierta? Anthropic lo niega. Cherny insistió en que el equipo de Claude Code es «un gran fan del código abierto» y llegó a contribuir personalmente con mejoras en la eficiencia del caché de OpenClaw para reducir costes a los usuarios que ahora deben pasarse a la API. Hay que decirlo: ese gesto existe y no es menor. Pero el timing sigue siendo incómodo.
Los usuarios de Claude Pro y Max que ejecutaban OpenClaw a través de sus suscripciones tienen ahora cuatro opciones: pasarse a la API de pago por token, activar el nuevo sistema «Extra Usage» de pago por consumo, comprar paquetes de uso adicional con hasta un 30% de descuento, o directamente migrar a otro modelo de lenguaje.
Esta última opción no es tan descabellada. Otros proveedores, incluidas compañías chinas y la propia OpenAI, donde trabaja ahora Steinberger, todavía permiten usar OpenClaw sin estas restricciones. La competencia acaba de recibir un regalo.
Para pequeños desarrolladores, el golpe es duro. Un usuario que pagaba 200 dólares al mes por el plan Max y ejecutaba dos instancias de OpenClaw calculó que pasarse a claves API haría el uso económicamente inviable. Anthropic ha ofrecido un crédito único equivalente a un mes de suscripción, canjeable hasta el 17 de abril. Un parche.
Lo que ha pasado con OpenClaw no es un incidente aislado. Es el síntoma de una tensión que va a repetirse en toda la industria: los modelos de suscripción plana no están hechos para el uso agéntico intensivo. Un agente de IA que corre sin parar es literalmente un cliente de buffet libre que no para de comer. Y alguien tiene que pagar la cuenta.
Me parece razonable que Anthropic proteja su infraestructura. Lo que me parece más cuestionable es la forma y el momento. Cuando una empresa bloquea el código abierto justo después de que su creador se una a la competencia, la narrativa técnica pierde credibilidad, aunque los números la respalden. El ecosistema open source necesita certidumbre para crecer, y esta decisión, justificada o no, ha sembrado dudas sobre si Claude es un entorno en el que vale la pena construir a largo plazo.